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Quiero que sepas una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe:
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas
no me busques,
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida
y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa que en esa día,
a esa hora levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero si cada día,
cada hora,
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable,
si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.
(Pablo Neruda) Poeta Chileno.
"Aquí, sobre tu
pecho, tengo miedo de todo;
estréchame en tus brazos como una golondrina
y dime la palabra, la palabra divina
que encuentre en mis oídos dulcísimo acomodo.
Háblame de amor, arrúllame, dame el mejor apodo,
besa mis pobres manos, acaricia la fina
mata de mis cabellos, y olvidaré, mezquina,
que soy, ¡oh cielo eterno!, sólo un poco de
lodo.
¡Es tan mala la vida! ¡Andan sueltas las
fieras...!
Oh, no he tenido nunca las bellas primaveras
que tienen las mujeres cuando todo lo ignoran.
En tus brazos, amado, quiero soñar en ellos,
mientras tus manos blancas suavizan mis
cabellos,
mientras mis labios besan, mientras mis ojos
lloran."
Alfonsina Storni
(29 de Mayo 1892 – 25 Octubre 1938)
Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.
La gloriosa lámpara celeste, el sol,
cuanto más alto ascienda
antes llegará a su camino
y más cerca estará del ocaso.
Los primeros años son los mejores,
cuando la juventud y la sangre están más calientes;
pero consumidas, la peor, y peores tiempos
siempre sucenden a los anteriores.
Así que no seáis tímidas, aprovechad el tiempo
y mientras podáis, casaos:
pues una vez que hayáis pasado la flor de la vida
puede que esperéis para siempre.
Robert Herrick (1591-1674)
"El club de los Poetas Muertos"
Llevo
tu corazón conmigo,
Lo
llevo en mi corazón.
Nunca
estoy sin él
Donde
quiera que voy, vas tú
Amado
mío,
Y
lo que sea que yo haga
Es
tu obra.
No
temo al destino,
Ya
que tú eres mi destino.
No
quiero ningún mundo,
Porque
tú eres mi mundo, mi certeza.
Y
eso es lo que eres tú.
Lo
que sea que una luna
Siempre
pretendió,
Lo
que sea que un sol quiera ser.
Este
es el secreto más profundo
Que
nadie conoce.
Esta
es la raíz de la raíz,
El
brote del brote,
El
cielo del cielo
De
un árbol llamado vida,
Que
crece más alto
De
lo que el alma puede esperar
O
la mente ocultar.
Es
la maravilla que mantiene
A
las estrellas separadas.
Llevo
tu corazón.
Lo
llevo en mi corazón.
Versión en español –
Edward
Estlin Cummings
14 de Octubre 1894 - 3
de Diciembre 1962
Llora en silencio mi alma solitaria,
excepto cuando está mi corazón
unido al tuyo en celestial alianza
de mutuo suspirar y mutuo amor.
Es la llama de mi alma cual lumbrera,
que brilla en el recinto sepulcral:
casi extinta, invisible, pero eterna…
ni la muerte la puede aniquilar.
¡Acuérdate de mí!… Cerca a mi tumba
no pases, no, sin darme una oración;
para mi alma no habrá mayor tortura
que el saber que olvidaste mi dolor.
Oye mi última voz. No es un delito
rogar por los que fueron. Yo jamás
te pedí nada: al expirar te exijo
que vengas a mi tumba a sollozar.
(Lord Byron)
…Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.
Todas la tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.
Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado.
mi espíritu errará, nostálgico…
Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido…
Y se quedarán los pájaros cantando.
Poemas agrestes (1910-1911)
Juan Ramón Jiménez

Dicen que los mares lloran
en las noches de verano,
cuando la luna dibuja
bellos regueros de estaño
en la negra superficie
que oculta su desengaño.
Dicen que los mares gimen,
entre susurros y cantos,
el olvido del poeta
que se dijo enamorado
de los rizos de las olas
fugitivas en sus manos.
Dicen que los mares temen
perder los viejos encantos
que inspiraran los pinceles
de los artistas de antaño,
prisioneros de la magia
de relatos legendarios.
Dicen que los mares mueren
acosados por extraños
depredadores de calmas,
bucaneros y corsarios
de las riquezas que fueron
sustento del ser humano.
Dicen que los mares tienen
su corazón congelado.
Del Poeta: Gonzalo Muinelo Alarcón
Con la colaboración de su hija Susana Muinelo.
Si alguien llama a tu puerta, amiga mía
Y algo en tu sangre late y no reposa
Y en su tallo de agua, temblorosa
la fuente es una líquida armonía.
Si alguien llama a tu puerta y todavía
Te sobra tiempo para ser hermosa
Y cabe todo abril en una rosa
Y por la rosa se desangra el día.
Si alguien llama a tu puerta una mañana
Sonora de palomas y campanas
Y aún crees en el dolor y en la poesía.
Si aún la vida es verdad y el verso existe.
Si alguien llama a tu puerta y estás triste
Abre, que es el amor, amiga mía.
Gabriel José de la Concordia García Márquez
(Aracataca, Colombia, 6 de marzo de 1927-
Escritor, novelista, cuentista, guionista y periodista colombiano.
Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio. En cuanto sea posible y sin rendirte mantén buenas relaciones con todas las personas. Enuncia tu verdad en una manera serena y clara; Y escucha a los demás incluso al torpe e ignorante. También ellos tienen su propia historia. Esquiva a las personas ruidosas y agresivas, pues son un fastidio para el espíritu. Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado; pues siempre habrá personas más grandes y más pequeñas que tú. Disfruta de tus éxitos lo mismo que de tus planes. Mantén el interés en tu propia carrera por humilde que sea, ella es un verdadero tesoro en el fortuito cambiar de los tiempos. Se cauto en tus negocios pues el mundo está lleno de engaños, más no dejes que esto te vuelva ciego para la virtud que existe,hay muchas personas que se esfuerzan por alcanzar nobles ideales. La vida estállena de heroísmo. Se sincero contigo mismo en especial no finjas elafecto y no seas cínico en el amor, pues en medio de todas las arideces y desengaños, es perenne como la hierba. Acata dócilmente el consejo de los años, abandonando con donaire las cosas de la juventud. Cultiva la firmeza del espíritu para que te proteja en las adversidadesrepentinas. Muchos temores nacen de la fatiga y la soledad, sobre una sana disciplina, se benigno contigo mismo. Tú eres una criatura del universo, no menos que las plantas y las estrellas; tienes derecho a existir y sea que te resulte claro o no, indudablemente el universo marcha como debiera. Por eso debes estar en paz con Dios, cualquiera que sea tu idea de “Él” y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones, conserva la paz con tu alma en la bulliciosa confusión de la vida, aún con toda su farsa, penalidades y sueños fallidos, el mundo es todavía hermoso. -Se cauto, esfuérzate por ser feliz.-
Derechos de autor: Max Ehrmann- escrito por su esposa Bertha, fallecida 1962 -.
Ausente con tus ficciones de endebles romances,
Aquellos harapos de falsedad tejidos por la locura;
Dadme el espíritu fugaz con su débil resplandor,
O el arrebato que habita en el primer beso de Amor.
Si, poetas, vuestros pechos con fantasías brillarán,
Aquella pasión en la arboleda danzará con ardor;
Y de la bendita inspiración vuestros sonetos fluirán,
¿Pero podrán alguna vez saborear el primer beso de amor?
Si Apolo debe rehusar su asistencia,
O las Nueve dispuestas están a tu servicio;
No las invoquéis, decidle adiós a las Musas,
Y prueba el efecto del primer beso de amor.
Los odio, y odio vuestras frías composiciones,
Aunque el prudente me condene,
Y el intolerante lo repruebe;
Yo abrazo las delicias que brotan del corazón,
Cuyos latidos y alegría son el primer beso de amor.
Vuestros pastores y sus rebaños, aquellos temas fantásticos,
Tal vez puedan divertir pero nunca conmoverán.
Arcadia se despliega como un sueño de bello color,
¿Pero cómo podría compararse con el primer beso de amor?
¡Oh, cesad de afirmar que el hombre, desde que surgió
Del linaje de Adán, ha luchado contra la miseria!
Algunas parcelas del Cielo vibran en la Tierra,
Y el Edén resurge con el primer beso de amor.
Cuando los años hielen la sangre, cuando nuestros placeres pasen,
(Flotando durante años en las alas de una paloma)
El recuerdo más amado será siempre el último,
Nuestro monumento más dulce, el primer beso de amor.
(The first kiss of love: George Gordon, Lord Byron.)
El amor es suficiente:
aunque el mundo disminuya,
Y los bosques no tengan voces,
salvo la voz de la pena,
Aunque el cielo sea demasiado negro
para que los débiles ojos
Perciban el rubor dorado de las flores
creciendo debajo,
Aunque las colinas sean pilares de sombras,
y el mar una maravilla oscura,
Y ese día dibuje un velo
sobre todos los hechos pasados,
Sus manos no harán temblar,
sus pies no harán vacilar;
El vacío no agotará ni el miedo alterará
Estos labios y estos ojos de amante y amado.
William Morris (1834-1896)
Cuando nuestras dos almas se alzan firmes,
cara a cara, silenciosas, dibujando intimidades,
hasta que la extensión de nuestras alas se quiebra,
lacerando cada recodo, quemando cada curva.
Entonces ¿qué amargura de la tierra puede opacarnos
sin que en el otro encontremos eterno consuelo?
Piensa que, escalando alto, los ángeles nos contemplan;
deseando derramar una dorada, una perfecta melodía
sobre nuestro abismal y querido silencio.
Demoremos nuestros pasos por el mundo, amado mío;
huyendo del humor inestable de la humanidad
que aísla cruelmente a los puros espíritus.
Hagamos juntos un sitio donde permanecer de pie,
donde la felicidad de las horas sea amarnos por un día,
rodeados por la Oscuridad como única compañía.
(Elizabeth Barret Browning.)
¿Has anhelado, a través de los cansados días,
La visión fugaz del rostro amado?
¿Has clamado por un instante de paz
En medio del dolor de las penosas horas?
¿Has rogado por el sueño y la muerte,
Cuando el dulce e inesperado consuelo
Fue sólo sombras y aliento?
Hace mucho, demasiado, que el miedo no disminuye
Sobre estas ilusorias y reptantes flores.
Ahora descansa: pues aún en el reposo
Podrás conservar todos tus anhelos.
Debes descansar y no temer
Al acechante y sordo despertar
De una vida que transcurre a ciegas;
Llena de desperdicios y penas.
Debes despertar y pensar en lo dulce
Que es tu amor, en su íntimo ardor.
Será más dulce para los labios que conocerás,
Más dulce de lo que tu corazón intenta ocultar:
Anhelos absolutos e insatisfechos.
La respuesta a todas las esperanzas
Se cierran sobre ti, muy cerca.
Recordarás los antiguos besos,
Y aún el frío dolor que crecía.
Recordarás aquella poderosa dicha,
Y aún los ojos y las manos perdidas.
Recordarás todo el remordimiento
Por lo escasos que fueron sus besos,
El sueño perdido de cómo se conocieron
Es el sabor a miseria en tus labios marchitos.
Entonces parecía Amor, pero nacido para morir,
El Hoy es inquietud, dolor:
La bendición es el olvido, el silencio;
Mi Amor es solitario, más nunca será un secreto.
William Morris (1834-1896)
Cuando nos separamos
En silencio y entre lágrimas,
Con el corazón partido,
Apartándonos por años,
Tu mejilla se volvió pálida y fría,
Más fríos tus besos;
Y es verdad que aquella hora predijo
El dolor de esta.
El rocío de la mañana
Se hundió gélido en mi frente,
Lo sentí como el preludio
De lo que hoy siento.
Tus votos fueron quebrados,
Y ligera es tu fama:
Escucho decir tu nombre
Y comparto su vergüenza.
Te nombran en mi presencia,
Lúgubres voces en mis oídos;
Un estremecimiento en mi camino:
¿Por qué tanto te he querido?
Ellos no saben que te conocí,
Los que te conocen demasiado bien:
Largo, largo tiempo he de arrepentirme de ti,
Hondos pensamientos que jamás diré.
En silencio nos conocimos,
En silencio me lamento
De tu corazón proclive al olvido,
Del engaño de tu espíritu.
Si llegara a encontrarte
Tras largos años,
¡Cómo habría de saludarte!
Con lágrimas y silencio.
Lord Byron (1788-1824)











